Después de la Primera Guerra Mundial, en 1918, con la firma del armisticio y la derrota de Alemania, el Kaiser aun tenia a sus ejércitos desplegados fuera de las fronteras nacionales. Un vasto territorio en el Este estaba ocupado todavía por los alemanes, resultado del tratado de Brest-Litovsk, firmado en marzo, y en países como Bélgica, los Países Bajos y algunas zonas de Francia, muy cerca de Paris. El tratado de Bucarest intensifico el papel hegemónico del Reich en Europa central, y varios campos de prisioneros aun retenían militares rusos e ingleses, después de la capitulación. Este estado de cosas reflejaba para una gran parte de la población, una victoria cercana, y el hecho de la rendición asesto un duro golpe a la moral del pueblo, que no pudo aceptarla durante largos años. Tal cumulo de decisiones, incluyendo la firma de las condiciones de paz en 1919, se anuncio luego de que el gobierno ya se había decidido para rendirse.
Lejos de la creencia popular, de que la rendición provino del gobierno civil y que la situación del ejercito alemán era ventajosa, en realidad, fue que la entrada de EE.UU. inclino bastante la balanza a favor de la Triple Entente. La iniciativa para capitular fue obra del alto mando militar, incluyendo al general Ludendorff, que conocía bien las condiciones desfavorables en que se encontraba el ejercito alemán y era el único responsable en la dirección de la guerra. Pero la "fake news" de la "puñalada por la espalda" al ejercito por parte de los judíos y demócratas, ya se había extendido por toda la población alemana, especialmente en Baviera.
En 1919, el gobierno provisional, formado en su mayoría por socialdemócratas, firmaron el tratado de paz en el Palacio de Versalles y redactaron una nueva constitución democrática en la ciudad de Weimar. Sus clausulas provocaron malestar y humillación entre la población, en especial entre los extremistas y ex combatientes. Era la primera vez que un régimen democrático se implementaba en Alemania, y desde el primer momento, el gobierno fue objeto de criticas y revueltas violentas en la vía publica. Como había sucedido algunos meses antes, en noviembre de 1918 en Múnich (capital de Baviera), se desataba una revolución que luego se traslado a Berlín en menor medida. El rey de Baviera fue obligado a abdicar y el 6 de abril se proclamo la Räterepublik, encabezado por el revolucionario socialista Kurt Eisner. Este clima de tensión política, lleno de inseguridad y violencia en las calles bávaras, entre izquierdistas y derechistas (estos segundos con el apoyo del gobierno) que se pugnaban por establecer su propio régimen, dificulto el marco de acción del gobierno socialdemócrata de Johannes Hoffmann, que se suspendió temporalmente. Luego de un mes, se restauro el orden preexistente en Baviera con la ayuda extraoficial de los Freikorps, formado y nutrido por excombatientes ultranacionalistas y matones. Los tres primeros años después de la guerra fueron tumultuosos, pero el Estado alemán logro imponerse en cualquier intento de derrocamiento, por parte de civiles o militares, ya sea de derechas o de izquierdas. Había dos caminos para el futuro alemán, respetar la nueva Constitución sancionada en Weimar o la guerra civil (quizás un clima de anarquía e inestabilidad). Sin dudas, la primera era la opción mas sensata y razonable, teniendo en cuenta que Alemania había perdido una guerra y como resultado, se encontraba en una grave crisis económica. Ni hablar de la deuda contraída por la reparaciones y la perdida de las colonias de África y Asia, ambas impuestas por el tratado de Versalles.
Muchos estados alemanes, como Baviera o Prusia, retuvieron poderes locales e importantes que le otorgaba la Constitución. Tan asi, que Baviera sufrio un golpe cívico-militar con relativo éxito, mientras que en la capital del Reich habia fracasado una intentona similar. Ambas ocurrieron al mismo tiempo en marzo de 1920. En Berlín, la tentativa de un golpe fue impulsada por el político de extrema derecha von Kapp, con la ayuda de un sector ultranacionalista del ejercito, bajo el auspicio del comandante en jefe del norte de Alemania, general von Luttwitz. Pero no tuvieron éxito y varios golpistas encontraron refugio en el sur alemán, en especial en Baviera, donde la dirección del golpe provino de los militares, liderados por el general Arnold Moehl, quien estaba a cargo del distrito militar de esa región. Este derroco al gobierno de Johannes Hofmann y puso en su lugar a Gustav von Kahr, formándose un gobierno completamente de derechas. Esto demostraba el grado de autonomía que mantenía el estado de Baviera y la rivalidad existente con Berlín.
En el aspecto económico la moneda local, el marco, se encontraba en un proceso de devaluación desde el fin de la guerra, y acelerándose a partir de 1921. Llego a tener un valor de 130.000.00 de marcos por dólar, para el 1 de noviembre de 1923. Esto ocasiono una hiperinflación, produciendo una tremenda inestabilidad y una perdida de confianza en la moneda. Sumando mas problemas a este caos, la ocupación del Ruhr por parte de los franceses el 11 de enero de 1923, en respuesta a la incapacidad del gobierno alemán para seguir pagando las reparaciones de guerra, privo a Alemania de una importante zona vital para su economía, especialmente su industria. Este desorden e inseguridad imperante en la sociedad alemana, posibilito que gran parte de la población, en su mayor parte obreros y de la clase media, se inclinase políticamente con los partidos extremistas, ya sea de derechas o izquierdas. No hay duda de que fueron comunes los pleitos entre agrupaciones o ligas políticas en las calles, alterando el orden publico y provocando asesinatos políticos. En Baviera, o el sur de Alemania, es donde mayor efecto tuvo este tipo de descontento, alcanzando el grado de terrorismo y, a veces, con la colaboración del gobierno local y de la policía, en especial si los pandilleros eran derechistas y las vicitimas socialistas. En el 26 de agosto de 1921, se cometió el asesinato de Erzberger en Baden y el 24 de junio de 1922 fue asesinado Walther Rathenau en Berlín. Ambos eran ministros de diferentes administraciones, el primero de finanza con el Canciller Bauer y el segundo de relaciones exteriores con Wirth. Los dos fueron atacados por ultranacionalistas de derecha bávaros. Esto marco el clímax de la decadencia que sufría el Reich, con la población resentida por la derrota y sin confianza en las instituciones.
Una gran parte de los veteranos de guerra, encontraron en su vuelta a la vida civil, el desamparo y el abandono por parte de la sociedad. Aunado a un resentimiento y humillación por la derrota, incapaces de retornar a la vida civil, vieron una oportunidad alistándose en las milicias paramilitares o Freikorps. Estas bandas armadas estaban vinculadas, indirectamente al ejercito regular, siendo la mayoría extremistas derechistas, y algunos de sus miembros aun mantenían un puesto en el ejercito regular. También surgieron varios partidos políticos en estos años, la mayoría casi insignificantes en la vida política, de índole extremistas y casi todos compartían las intenciones de derrocar al gobierno republicano. El socialismo estaba de moda y era normal que las plataformas de estos grupos adoptasen algunas ideas utópicas y colectivistas. Estos partidos poseían su propia formación armada, donde abundaban también veteranos revanchistas y ávidos. Uno de ellos fue el minúsculo Deutsche Arbeiterpartei o DAP (el Partido de los Trabajadores Alemanes), fundado en enero de 1919, del cual mas tarde Hitler se uniría y lo renombraría en 1920, como el Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei o NSDAP (el Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes).
Fuentes
- Bullock, A. (1975). Hitler: estudio de una tiranía, vol. 1. (Ed. 6). Barcelona: Ediciones Grijalbo.
- Volz, H. (1943). Daten der Geschichte der NSDAP. (Ed. 11). Berlin/Leipzig: A. G. Ploetz.